En el camino.

Sabía que iba a pasar. Lo supo desde el principio. Su intuición nunca fallaba y esta no iba a ser la excepción. Se quedó sentada en el auto mirando por la ventana. Llovía.

La mañana había sido agitada. Pero exactamente igual a todas. Despertador, ducha, desayuno, auto, trabajo. Fue ahí cuando lo supo. Pero pensaba que la vez anterior había sido la última. O eso quería. Realmente lo quería, o eso pensaba. Sin duda las primeras veces había sido incluso entretenido, pero ya era suficiente. Pronto alguien se daría cuenta.
Las últimas semanas habían sido muy tranquilas. Se podía decir incluso que era feliz. A pesar del trabajo, a pesar de los problemas, a pesar de la vida; era feliz, y pensaba que había sido lo correcto. Que había valido la pena.

Ahora, sentada en el auto como tantas otras veces, se preguntaba si de verdad había valido la pena. Si valdría la pena seguir. Si acaso de todas formas no moriría igual, sólo que más pronto.
Pero parecía una adicción; era una adicción. Justo cuando pensaba que no volvería a suceder, ahí estaba de nuevo. La intuición; el despertar agitado que hacía que la rutina de todos los días se conviertiera en la más emocionante de las esperas. "Al final siempre me gana", pensó. Sonrió y bajó del auto.

La lluvia no hizo que se apurara. La oscuridad no dejaba ver completamente el camino, pero las luces del auto ayudaban. Miró el auto y pensó: "El arreglo no será tan caro. Creo que se está acostumbrando". Caminó hacia el portamaletas, lo abrió, y sacó dos bolsas de basura y un serrucho. "Esta vez comenzaré por las rodillas", dijo sonriendo, sin miedo a ser escuchada..
El impacto había sido duro. El cuerpo había volado varios metros en el aire y había ido a parar a un pequeño charco de barro. Ni siquiera había frenado esta vez; las marcas de huellas en el pavimento podrían hacer sospechar algo. Sabía que no encontrarían el cadáver y que a nadie le importaría otro campesino desaparecido. Se acercó al cuerpo y con el cuidado que sólo da la experiencia, lo cortó lo suficiente para que cupiera en la bolsa. Metió la bolsa de basura dentro de otra, y las cerró calmadamente. Arrastró las bolsas hacia el portamaletas, las subió y lo cerró.

Se sentó de nuevo en el auto. Sintió como el alivio bajaba por cada una de sus vértebras, y recorría todo el cuerpo en forma de escalofrío. Estaba completamente mojada, pero feliz. En esos momentos volvía a sentir que todo valía la pena; mal que mal, su almuerzo de mañana sería su plato favorito.

El comienzo

Siempre quise hacer esto. Hoy lo hice.
Es un pequeño paso, pero un paso al fin y al cabo.
A escribir =)